RESILIENCIA

RESILIENCIA

Emprender:
a. Término utilizado al derecho y al revés por todo el mundo, en la actualidad. Se escucha a diario y quizá hasta ha dejado de impresionarnos.

Emprender:
b. Lanzarse al abismo de lo desconocido esperando que tus planes funcionen y que las herramientas que llevas en los bolsillos sean suficiente para sobrevivir.

Puede que se diga muy fácil, que lo repitamos una y otra vez en artículos, podcasts, y libros. Pero no es tan sencillo: para muchos es una idea tan seductora como aterradora. Deja de parecer tan simple cuando entiendes que no solo hace falta tener una buena idea y la determinación de trabajar por convertirla en realidad. También debes ser lo suficientemente valiente como para dar un paso que estadísticamente, es muy probable que termine en fracaso.

Entonces, ¿por qué hacerlo? ¿Por qué existen tantos emprendedores que parecen no rendirse, después de haberse lastimado las rodillas tras tantas caídas?

La respuesta es simple: Resiliencia. Una sola palabra que se construye en una vida entera de intentos y caídas.

Es la capacidad que tenemos de superar, de hacer frente a obstáculos y adaptarnos de forma positiva a las situaciones adversas. Es algo que venimos desarrollando como un músculo desde que somos infantes y comenzamos a dar nuestros primeros pasos, tambaleando. Es una parte de nosotros que se fue alimentando de cada vez que nos ayudaron a no temerle a la dureza del suelo, porque confiaban plenamente en que podríamos levantarnos de él. Estos golpes forjan el carácter y la filosofía de vida de los emprendedores, de todos aquellos que están dispuestos a caerse (una y otra vez), hasta que sus piernas logran la suficiente fuerza para mantenerse de pie. Porque sus mentes y sus cuerpos son resilientes, desde antes de tener conciencia o razón.

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