Así es como sobrevive una empresa

Así es como sobrevive una empresa

Es parte de nuestro código más elemental tener como prioridad y meta final de cada una de nuestras acciones, la supervivencia. Ahora, es indudable que en el presente las variables que intervienen en la prevalencia de nuestras vidas son completamente ajenas a aquellas que enfrentaban los humanos hace 200.000 años; cuando lo que más anhelaban era encontrar un espacio de paz y sedentarismo, en medio de sus vidas volátiles, inconsistentes y bajo constante amenaza.

El rechazo natural al movimiento constante, al peligro del cambio, de la incertidumbre y todo aquello que no conocemos, ha permanecido en nuestro código desde que surgieron y permitieron la supervivencia del Homo Sapiens. Aún compartimos algunos de los instintos más básicos con nuestros antepasados de hace tantos milenios; es por eso que nuestra mente siempre intenta convencernos de quedarnos donde estamos, de acostumbrarnos al estatismo y la conformidad. Es más fácil obedecer a nuestros instintos, que descubrir el hambre de cambio, de aventura y de innovación que nos separa de nuestras formas más primitivas. En realidad, no deberíamos sentirnos extraños o excesivamente culpables de padecer de este fenómeno, porque es natural. Pero eso no significa, en lo más mínimo, que sea la forma en la que tengamos que vivir para siempre. Existen momentos que pueden cambiar todo en nosotros; que cuestionan y se enfrentan a ese deseo de sedentarismo, y lo desafían con retos, con planteamiento de metas gigantescas y un insaciable deseo de perseguirlas.

Estos catalizadores pueden venir en miles de formas distintas. A veces parecen diminutos; pero resultan ser justo lo que necesitábamos para despertar una llama interna fiera dentro de nosotros. Para entender, que nunca miraremos atrás o nos conformaremos con quedarnos quietos otra vez.

El día que me inscribí en una carrera de 10km, en la montaña de Mojanda, pero las circunstancias de la vida me obligaron a correr una distancia cinco veces mayor, podría no parecer un momento revolucionario. Quizá solo suena como un domingo, un evento deportivo y unas cuantas horas de agotamiento. Pero fueron lo que necesitaba para abrir los ojos. Despertaron mi hambre de cambio. Después de ese día, el único motor que necesité para seguir empujando mis límites, para enfrentar los paisajes más crueles y áridos, y para reconstruirme y reinventarme permanentemente, estuvo dentro de mi.

En otros casos, suceden cosas absolutamente trascendentales, que llegan de golpe y sacuden vidas enteras; y es entonces cuando se comienza a cuestionar y reconcebir las realidades vividas anteriormente. Son esas historias extraordinarias que escuchamos en TED talks, en libros de la lista de más vendidos en New York Times y en adaptaciones cinematográficas. Pero, ¿sabes qué es lo más alucinante de este año, en la historia? Que ese evento trascendental, que afectará la vida de quien lo experimenta, para siempre, lo estamos viviendo todos y cada uno de nosotros.

En un momento como este, no es tan relevante si entendías e internalizabas desde hace mucho tiempo la latente necesidad de innovación, de nuevas tecnologías y de reinvención en nuestros procesos y empresas. Ese tiempo ya sucedió, no podemos volver atrás. Lo importante es que hoy, y ahora, debes comenzar a hacerlo. Muchos negocios llevan años transformándose. Como Adistec y Fortinet, empresas con las que tuve el privilegio de compartir una sesión de la conferencia virtual “Nuevos Retos, Nuevas Oportunidades”, son líderes en innovación cibernética, sistemas de seguridad virtuales y soluciones de vanguardia que, especialmente en estos tiempos de distanciamiento social e interconectividad digital, son desesperadamente necesarios. Llevaban años trabajando en aceleración digital, porque entendían que solo el riesgo y la búsqueda de lo inexplorada nos hace avanzar; pero ahora, se encuentran en su mejor momento. Son capaces de acercarse y ayudar a sus clientes como nunca antes.

Otros no lo veían, pero acaban de darse cuenta de la importancia de aprovechar el momentum, de abrazar el impulso, perseguir ferozmente el hambre de conocimiento y evolución, y de huir despavoridamente del sedentarismo. Y esa, precisamente, ha sido una de las lecciones invaluables que nos ha dejado esta crisis global.

La pandemia fue un factor externo que nos puso a todos en cuclillas. Entendemos cada día más el espacio de transformación y aceleración digital que se disparó y sigue propiciándose. Si los últimos treinta años han sido una época de desafiar barreras, hoy debemos destruir por completo todos los paradigmas obsoletos y concentrarnos en el futuro. Debemos pasar al siguiente nivel, romper toda relación con la búsqueda de comodidad, con la evasión del peligro, y vivir desafiando a la palabra “imposible”.

La importancia de enfocarnos en las nuevas tecnologías y los sistemas enfocados en agregar valor y resolver los problemas de nuestras comunidades, existen desde hace años. El evento trascendental, que cambiaría vidas para siempre, y te haría abrir los ojos, ocurrió. Ahora, ¿qué esperas para comenzar a trabajar desde la pasión y el deseo de innovar? ¿Qué más hace falta para que dejes de temerle a lo desconocido, como lo hemos venido haciendo los últimos 200.000 años?

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